Martes 11 de septiembre de 2001, amanece una bonita mañana soleada en Nueva York, el día anterior había llovido y la lluvia despejó el polvo y la niebla, cuando se fueron las nubes salió el sol y el cielo lucía un azul radiante de finales de verano, pero nadie imaginaba que aquel bonito día se acabaria tiñendo de gris.
A las 8:46 de la mañana hora local, un boeing 767 de american airlines, salido de Boston poco antes con destino a los angeles, se estrelló contra la Torre Norte del World Trade Center de Nueva York. Nunca llegaría a su destino, el grupo terrorista Al-Qaeda, dirigido por Osama Bin-Laden, había secuestrado el avión. Aunque no sería el único, 16 minutos después, otro avión se estrellaría contra la Torre Sur, confirmando a todos lo que menos se esperaban, se trataba de un atentado suicida, el mayor atentado terrorista de la historia de Estados Unidos.
Después de arder durante casi una hora, la Torre Sur acabó desplomandose, seguida media hora más tarde por la torre norte. Aquel día perecerían en el interior ardiente de aquellas torres casi 3,000 personas.
Con el derrumbamiento de las Torres Gemelas, el símbolo de la fuerza de un imperio, La Gran Manzana se tiñó literalmente de gris. El humo y posteriormente el polvo inundaron las calles haciendo que la gente huyera despavorida de aquel lugar, ningún neoyorquino quedó ajeno al desastre.
Pero no toda la gente huyó de allí, tambien se demostró la valentía y la generosidad de mucha gente solidaria. Muchos acudieron a los hospitales a donar sangre a los necesitados, los taxistas prestaron sus servicios gratuitos para la gente que allí se encontraba y los bomberos y muchos otros valientes se prestaron voluntarios para socorrer a la gente que se encontraba en el interior de los edificios en llamas y para posteriormente buscar supervivientes entre los escombros.
Todos nos convertimos de alguna manera en víctimas de aquel día, porque el 11 de Septiembre de 2001 el mundo cambió.
Diez años después Nueva York celebra el décimo aniversario de aquel fatídico día y le hace un homenaje a las víctimas del horror que se coció en el interior de aquellas torres. Como parte del homenaje está la inauguración de dos estanques con cascadas en el lugar en el que se erigían con orgullo los símbolos de una gran ciudad.
Diez años después todavía la Zona Cero sigue en obras, se están construyendo unos edificios que taparán el agujero que lleva abierto en el corazón de todos mucho tiempo. Y es que Nueva York nunca volverá a ser igual.
Diez años después el mundo todavía sigue intentando cicatrizar unas heridas demasiado grandes para las que estaba preparado.