domingo, 21 de septiembre de 2014

Erasmus en Marsella (IV)























¡Muy buenas a todos una vez más!

Venga, ¡que ya acabamos con la primera semana!

El sábado por la mañana me desperté pronto y fui a Carrefour a terminar las compras para instalarme aquí. Depués de eso volví a la residencia con un hambre terrible y tras comer, como aún no conocía a casi nadie y no quería quedarme todo el fin de semana amargado en la residencia me fui de turismo por la ciudad.

Lo que descubrí de aquí es que a pesar de ser una ciudad pequeña es un lugar con mucha riqueza histórica, hay palacios barrocos, iglesias renacentistas y una catedral gótica preciosa. Esta ciudad tiene el encanto típico de los lugares pequeños, en los que los estilos de arquitecturas de todas las épocas se mezclan en una armonía casi perfecta. Me encantó perderme por esas callejuelas estrechas con casas antiguas para aparecer en una plaza repleta de bares rebosantes de turistas y locales modernos en donde igual te encuentras una discoteca con gente bailando que una pastelería con macarons de grandes como la palma de una mano.

En fin, lo que se podría decir una tarde ideal después de varios días de la más absoluta depresión.

El domingo también fue un día bastante intenso, madrugué y me fui lo más pronto que pude a coger un autobús para ir a Marsella, la gran ciudad. Lo primero que vi fue la estación de trenes, una estación decimonónica preciosa, arriba de una escalinata desde donde se veía la panorámica de toda la ciudad. Llegué sobre las 11 de la mañana, y como tenía todo el día por delante y no sabía bien que hacer decidí tomármelo con calma.

Mapa en mano me hice mi propia ruta turística y empecé por el puerto viejo. Alrededor de ese puerto se concentran los edificios más importantes de la ciudad: el ayuntamiento, la ópera, la bolsa… Y al otro lado, en lo alto de una gran colina, está la Basílica de Notre-Dame de la Garde, vigilando con todo su esplendor la ciudad de Marsella.

Marsella es un sitio especial. Hasta la luz allí es distinta, es esa luz propia de ciudades marítimas como Venecia, donde el suave brillo del sol se mezcla con el azul del mar.

Después de todo el día dando paseos me decidí a acabar el viaje visitando la Catedral de Santa María la Mayor, un templo enorme y majestuoso que recibe a los cruceristas a su llegada al puerto.

Del resto de la semana no hay mucho más que contar. El lunes empezaron las clases, pero yo no pude ir porque aquí parece que todo el mundo es incompetente y nadie sabe decirte los horarios ni cómo localizarlos, es todo caótico. Por la tarde tuve una reunión de Erasmus españoles con nuestra coordinadora, una mujer que parece que tampoco tiene muy claro su trabajo, aunque ella sí pudo ayudarme a encontrar algunos horarios.

Con lo que el martes por fin pude empezar las clases, aunque tuve alemán y aquí las traducciones las hacen al francés. Así que como yo no entiendo ni la mitad de alemán ni la mitad de francés me tuve que salir de clase por no ponerme a llorar delante de todo el mundo. Pero no todo es malo, esa misma noche salí de fiesta con Clara y algunos españoles más y tengo que reconocer que me lo pasé muy bien. Bailamos un rato y conocí a muchos Erasmus de todas partes de Europa.

Y bueno… Después de eso el resto de la semana ha pasado sin pena ni gloria, he continuado con las clases, he seguido arreglando papeleos… Y este fin de semana he decidido tomármelo de relax, que llevo una semana de no parar y me duelen todos los músculos del cuerpo.

Así que ahí os dejo, espero que hayais disfrutado con mi odisea por la Provenza. Yo ahora me voy a hacer la cena, pero no os olvidéis que la semana que viene hay más.

¡Un saludo de parte de Sergy Priestly!

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sábado, 20 de septiembre de 2014

Erasmus en Marsella (III)

¡Muy buenas a todos una vez más!
¿Qué os parece si os sigo contando las cosas que he hecho durante mi primera semana en la Provenza francesa?

Continuemos por el jueves 11 de septiembre, el día después de mi llegada. Aquel día me desperté con unos dolores de cuello terribles, porque esa noche no había tenido almohada y tuve que dormir en plano. De modo que me levanté como pude, me vestí y me fui a buscar una cafetería en la que poder desayunar. Gracias a la globalización aquí también hay Subways y pude desayunar algo conocido y no muy caro.

Ese día lo aproveché para hacer turismo de necesidad, que es como yo llamo a dar vueltas y vueltas a tu nueva ciudad para buscar las tiendas y los supermercados más baratos y poder sobrevivir sin dejarte un riñón en el intento. Así descubrí una frutería, un Dia, un ALDI y la forma de llegar a Carrefour. Tras hacer la compra y abastecerme de productos de primera necesidad, bajé a recepción a pelearme con la estúpida que hay allí haciendo como que trabaja para que me pusieran internet en la habitación. Por lo visto aquí no se puede hacer nada si no vas con los billetes por delante, así que tuve que contratar también una línea de internet.

Una vez con internet y empezando a poder comunicarme, pude por fin hablar con mis amigos y pude activar el roaming en mi móvil (sí, yo muy listo me había olvidado activarlo antes de venir a Francia y por eso no podía ni llamar ni recibir llamadas) y por fin pude llamar a mis padres y contarles todo lo que había pasado y las ganas tan enormes que tenía de volverme. No pude evitar volver a derrumbarme, estaba agotado. Estaba exhausto y echaba demasiado de menos a mi familia, necesitaba volver como fuera y cuanto antes. Pero mi madre consiguió darme ánimos y convencerme de aguantar un poco más, y si nada mejoraba tenía las puertas de mi casa abiertas para cuando quisiera.

Tras todo el día intentado reordenar mi vida, aquella misma noche, sentado en la escalera, conocí a Clara. Podría decir que Clara es mi salvadora, una chica sevillana que llegó aquí un mes antes que yo y que ya había pasado por todas mis penas. Gracias a ella pude hablar con alguien en mi idioma cara a cara después de dos días solo y prácticamente incomunicado. Ella me ha ido explicando cómo funciona todo esto y gracias a ella he ido conociendo a mucha más gente.

Al día siguiente, viernes, quedamos Clara y yo para ir a la universidad y hacer las inscripciones. Porque resulta que después de un año rellenando papeles y enviando fotocopias de hasta mi pezón izquierdo aún no he terminado, y tendo que seguir rellenando papeles y enviando fotocopias de hasta mi pezón izquierdo incluso cuando acabe y vuelva a Málaga.

Cuando acabé de todo aquello que tenía que hacer estaba ya agotado, así que me volví a mi habitación, hice la comida y me eché a dormir una buena siesta. Luego por la tarde fui a Carrefour a seguir comprando cosas, pues con todo lo que llevaba comprado ya todavía no era suficiente,pero por fin me encontraba un poco más animado y con más fuerzas para seguir aquí.

Y bueno, eso es todo por hoy, esta primera semana está siendo muy larga de contar, porque es cuando más cosas he hecho y cuando más tengo para escribir. Pero prometo que mañana subiré la última parte de mi primera semana y a partir de ahora todas serán más resumidas. Eso sí, me comprometo a subir una posiblemente cada sábado como mínimo, donde os resumiré todas las cosas que he hecho a lo largo de la semana. Muchas gracias por estar ahí.

Un saludo de parte de Sergy Priestly.

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viernes, 19 de septiembre de 2014

Erasmus en Marsella (II)

A la mañana siguiente, después de haber pasado una noche de perros, me desperté y me arreglé para ir a coger el bus hasta Aix, así que me puse rumbo al aeropuerto que era desde donde se cogía.

Una vez en la ciudad, me puse a seguir las instrucciones que cogí de Google, pero como no tenía gps ni nada me encaminé hacia la dirección contraria. Depués de andar unos cuantos kilómetros con las maletas a cuestas me rendí y me decidí a preguntar. Por lo visto aquí en Aix nadie conoce la calle de mi residencia, pero al menos me indicaron cómo llegar a la oficina de turismo para preguntar allí. Por suerte (¡por fin alguien me hablaba en español!) me pude entender con el chico de la oficina y muy amable me indicó cómo llegar a la residencia, por lo que tuve que recorrer el camino que había andado ya y seguir aún más lejos (recalco que llevada dos maletas de 20 kg a cuestas).

Una vez en la residencia me recibieron los recepcionistas más bordes y antipáticos que he visto en mi vida y tuve que ponerme a rellenar tropecientos papeles en francés de los que no entendía ni la mitad y soltar una buena pasta para que se dignaran a darme la llave de mi habitación. Por fin con llave en mano me dispuse a subir, tirar las maletas en el suelo y dormir durante el resto del día. Imaginaos cuál fue mi sorpresa al entrar y descubrir que mi habitación totalmente equipada no tenía ni toalla de baño, ni sábanas y ni siquiera una miserable almohada.

Ante semejante panorama no se me ocurrió más que tirarme al suelo y ponerme a llorar. De verdad que no podía más, llevaba 24 horas arrastrando de dos maletas que casi me igualaban en peso y sin apenas una hora de sueño y ni siquiera tenía un sitio donde descansar después de todo el dinero que acababa de pagar. Tampoco podía recibir llamadas, ni conectarme a internet, ni hablar con nadie, estaba solo e incomunicado. El sentimiendo de rabia, cansancio e impotencia podía conmigo. Jamás me he arrepentido tanto de nada, no podía parar de pensar por qué me había ido de mi casa y había dejado atrás a toda la gente que quería para esta basura...

Después de todo el día llorando y 24 horas sin comer ni dormir y tirando de mis maletas me decidí a salir de la habitación e intentar solucionar todo este embrollo. Me fui a buscar algo de comida en un kebab barato y después me recorrí toda la ciudad en busca de un supermercado en el que pudiera comprar lo mínimo para pasar aquella noche. Gracias al cielo y a la tierra que pude comprar algo para cenar y un par de sábanas y una toalla para la ducha. Lo que más deseaba aquel día era llegar a mi habitación y tirarme en la cama a dormir… Y así lo hice. Así que ya os iré contando cómo me va por aquí, pero eso ya más adelante.

Un saludo a todos.

Sergy Priestly


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miércoles, 17 de septiembre de 2014

Erasmus en Marsella (I)

¡Muy buenas a todos una vez más!

Bueno, para empezar tengo que disculparme por no haber escrito nada durante un año, pero como siempre hago. Hasta entonces había tenido el blog muy cuidado, pero me dio la sensación de que a nadie le importaba lo que escribía y me desanimé. Pero en fin… Aquí estoy de vuelta.

Como ya sabeis llevo una semana de Erasmus en la Provenza francesa, muy cerca de Marsella, en una pequeña ciudad del área metropolitana que se llama Aix-en-Provence, y bueno, esta vez vengo para contaros las penas y alegrías que paso aquí. Que puede que no le interese a nadie y no reciba ni una visita o puede que le guste a mucha gente, pero eso ya se verá con el tiempo. Esta vez me he propuesto no darle importancia a las visitas, únicamente vengo para desahogarme, así que si de paso a alguien le gusta lo que escribo bienvenido sea, desde luego aquí hay sitio para todos.

En fin, como iba contando mi aventura empezó hace más bien 8 días (escribo esto el miércoles 17/9, no sé cuándo lo subiré). El martes 9/9 comenzaba mi odisea. Llegué con mis padres al aeropuerto de Málaga a las 7 de la tarde, tuve que facturar la maleta y todas esas cosas que se hacen en un aeropuerto y poco rato después vinieron a despedirme Ángel, Arturo y Laura. Estuvimos hablando un rato y poco más tarde llegó el momento que más llevaba temiendo muchos meses, la despedida. Me había propuesto no llorar, pero fue inevitable cuando me puse a la cola para pasar el control de seguridad. Aquella simple banda de lona me separaba de la gente que más quiero en el mundo y ya me parecía una separación abismal. Así que aguantando la compostura a duras penas me despedí de mi gente. Lo más duro fue tener que despedirme de mi madre y de mi novio, aún sin haberme ido ya los echaba de menos… Así que los abracé con todas mis fuerzas y deseé que aquel momento no se acabara nunca.

Aún con los ojos entre lágrimas entré en el avión y me puse mi música…

Dos horas después ya había llegado al aeropuerto de Marsella. Allí llegué sin saber para dónde ir ni a quién preguntar, ni siquiera podía llamar por el móvil porque no me funcionaba el roaming y no encontraba red. Gracias a Dior que se me había ocurrido reservar hotel y buscar el camino por Google antes de venir. Con lo que me puse manos a la obra y me dirigí hacia donde Google me había dicho (ahora os aviso que nunca hagáis caso al pie de la letra a Google). Una hora después de dar vueltas como un perro perdido encontré la puerta del hotel.

Tras eso, lo primero que hice fue buscar un teléfono desde el que poder llamar y avisar a mi familia de que había llegado sano y salvo y me iba a dormir ya. Lo que yo no sabía era que no iba a poder dormir apenas, porque tenía el estómago muy revuelto y no me dejó tranquilo en toda la noche… Pero eso ya es de la segunda parte, así que de momento os tendréis que conformar con eso.

Un saludo a todos.

Sergy Priestly

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