viernes, 19 de septiembre de 2014

Erasmus en Marsella (II)

A la mañana siguiente, después de haber pasado una noche de perros, me desperté y me arreglé para ir a coger el bus hasta Aix, así que me puse rumbo al aeropuerto que era desde donde se cogía.

Una vez en la ciudad, me puse a seguir las instrucciones que cogí de Google, pero como no tenía gps ni nada me encaminé hacia la dirección contraria. Depués de andar unos cuantos kilómetros con las maletas a cuestas me rendí y me decidí a preguntar. Por lo visto aquí en Aix nadie conoce la calle de mi residencia, pero al menos me indicaron cómo llegar a la oficina de turismo para preguntar allí. Por suerte (¡por fin alguien me hablaba en español!) me pude entender con el chico de la oficina y muy amable me indicó cómo llegar a la residencia, por lo que tuve que recorrer el camino que había andado ya y seguir aún más lejos (recalco que llevada dos maletas de 20 kg a cuestas).

Una vez en la residencia me recibieron los recepcionistas más bordes y antipáticos que he visto en mi vida y tuve que ponerme a rellenar tropecientos papeles en francés de los que no entendía ni la mitad y soltar una buena pasta para que se dignaran a darme la llave de mi habitación. Por fin con llave en mano me dispuse a subir, tirar las maletas en el suelo y dormir durante el resto del día. Imaginaos cuál fue mi sorpresa al entrar y descubrir que mi habitación totalmente equipada no tenía ni toalla de baño, ni sábanas y ni siquiera una miserable almohada.

Ante semejante panorama no se me ocurrió más que tirarme al suelo y ponerme a llorar. De verdad que no podía más, llevaba 24 horas arrastrando de dos maletas que casi me igualaban en peso y sin apenas una hora de sueño y ni siquiera tenía un sitio donde descansar después de todo el dinero que acababa de pagar. Tampoco podía recibir llamadas, ni conectarme a internet, ni hablar con nadie, estaba solo e incomunicado. El sentimiendo de rabia, cansancio e impotencia podía conmigo. Jamás me he arrepentido tanto de nada, no podía parar de pensar por qué me había ido de mi casa y había dejado atrás a toda la gente que quería para esta basura...

Después de todo el día llorando y 24 horas sin comer ni dormir y tirando de mis maletas me decidí a salir de la habitación e intentar solucionar todo este embrollo. Me fui a buscar algo de comida en un kebab barato y después me recorrí toda la ciudad en busca de un supermercado en el que pudiera comprar lo mínimo para pasar aquella noche. Gracias al cielo y a la tierra que pude comprar algo para cenar y un par de sábanas y una toalla para la ducha. Lo que más deseaba aquel día era llegar a mi habitación y tirarme en la cama a dormir… Y así lo hice. Así que ya os iré contando cómo me va por aquí, pero eso ya más adelante.

Un saludo a todos.

Sergy Priestly


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2 comentarios:

Mirian Marín dijo...

¡Qué indignada estoy tio!

¿EN SERIO NO HABÍA NI UNA PUTA TOALLA?

Osea, ya se que no es un hotel pero… ¿Ni siquiera te avisaron de que tendrías que traerte tus propias cosas?

Y, Sergy, tranquilo, estamos aqui para leerte… Seguro que tus maletas pesaban más de lo que tu dices porque sabemos que ese pelo no se mantiene con champú del barato. Además de que deberías de haber preguntado antes el paradero del matadero de estudiantes extranjeros.

En fin, ya nos contaras qué tal te va más adelante.

¿Has hecho nuevos amigos ya?

Sergy Priestly dijo...

Como lo lees hija... Que si me hubieran avisado no sería problema, lo malo es que me dijeron "habitación totalmente equipada" y cuando llegué me encontré con la sorpresa.

Esta noche os cuento más :)