¡Muy buenas a todos una vez más!
Bueno, para empezar tengo que disculparme por no haber
escrito nada durante un año, pero como siempre hago. Hasta entonces había
tenido el blog muy cuidado, pero me dio la sensación de que a nadie le
importaba lo que escribía y me desanimé. Pero en fin… Aquí estoy de vuelta.
Como ya sabeis llevo una semana de Erasmus en la Provenza
francesa, muy cerca de Marsella, en una pequeña ciudad del área metropolitana
que se llama Aix-en-Provence, y bueno, esta vez vengo para contaros las penas y
alegrías que paso aquí. Que puede que no le interese a nadie y no reciba ni una
visita o puede que le guste a mucha gente, pero eso ya se verá con el tiempo.
Esta vez me he propuesto no darle importancia a las visitas, únicamente vengo para
desahogarme, así que si de paso a alguien le gusta lo que escribo bienvenido
sea, desde luego aquí hay sitio para todos.
En fin, como iba contando mi aventura empezó hace más bien 8
días (escribo esto el miércoles 17/9, no sé cuándo lo subiré). El martes 9/9
comenzaba mi odisea. Llegué con mis padres al aeropuerto de Málaga a las 7 de
la tarde, tuve que facturar la maleta y todas esas cosas que se hacen en un
aeropuerto y poco rato después vinieron a despedirme Ángel, Arturo y Laura.
Estuvimos hablando un rato y poco más tarde llegó el momento que más llevaba
temiendo muchos meses, la despedida. Me había propuesto no llorar, pero fue
inevitable cuando me puse a la cola para pasar el control de seguridad. Aquella
simple banda de lona me separaba de la gente que más quiero en el mundo y ya me
parecía una separación abismal. Así que aguantando la compostura a duras penas
me despedí de mi gente. Lo más duro fue tener que despedirme de mi madre y de
mi novio, aún sin haberme ido ya los echaba de menos… Así que los abracé con
todas mis fuerzas y deseé que aquel momento no se acabara nunca.
Aún con los ojos entre lágrimas entré en el avión y me puse
mi música…
Dos horas después ya había llegado al aeropuerto de
Marsella. Allí llegué sin saber para dónde ir ni a quién preguntar, ni siquiera
podía llamar por el móvil porque no me funcionaba el roaming y no encontraba
red. Gracias a Dior que se me había ocurrido reservar hotel y buscar el camino
por Google antes de venir. Con lo que me puse manos a la obra y me dirigí hacia
donde Google me había dicho (ahora os aviso que nunca hagáis caso al pie de la
letra a Google). Una hora después de dar vueltas como un perro perdido encontré
la puerta del hotel.
Tras eso, lo primero que hice fue buscar un teléfono desde
el que poder llamar y avisar a mi familia de que había llegado sano y salvo y
me iba a dormir ya. Lo que yo no sabía era que no iba a poder dormir apenas,
porque tenía el estómago muy revuelto y no me dejó tranquilo en toda la noche…
Pero eso ya es de la segunda parte, así que de momento os tendréis que conformar
con eso.
Un saludo a todos.
Sergy Priestly



















