A la mañana siguiente, después de haber pasado una noche de
perros, me desperté y me arreglé para ir a coger el bus hasta Aix, así que me
puse rumbo al aeropuerto que era desde donde se cogía.
Una vez en la ciudad, me puse a seguir las instrucciones que
cogí de Google, pero como no tenía gps ni nada me encaminé hacia la dirección
contraria. Depués de andar unos cuantos kilómetros con las maletas a cuestas me
rendí y me decidí a preguntar. Por lo visto aquí en Aix nadie conoce la calle
de mi residencia, pero al menos me indicaron cómo llegar a la oficina de
turismo para preguntar allí. Por suerte (¡por fin alguien me hablaba en
español!) me pude entender con el chico de la oficina y muy amable me indicó
cómo llegar a la residencia, por lo que tuve que recorrer el camino que había
andado ya y seguir aún más lejos (recalco que llevada dos maletas de 20 kg a
cuestas).
Una vez en la residencia me recibieron los recepcionistas
más bordes y antipáticos que he visto en mi vida y tuve que ponerme a rellenar
tropecientos papeles en francés de los que no entendía ni la mitad y soltar una
buena pasta para que se dignaran a darme la llave de mi habitación. Por fin con
llave en mano me dispuse a subir, tirar las maletas en el suelo y dormir
durante el resto del día. Imaginaos cuál fue mi sorpresa al entrar y descubrir
que mi habitación totalmente equipada no tenía ni toalla de baño, ni sábanas y
ni siquiera una miserable almohada.
Ante semejante panorama no se me ocurrió más que tirarme al
suelo y ponerme a llorar. De verdad que no podía más, llevaba 24 horas
arrastrando de dos maletas que casi me igualaban en peso y sin apenas una hora
de sueño y ni siquiera tenía un sitio donde descansar después de todo el dinero
que acababa de pagar. Tampoco podía recibir llamadas, ni conectarme a internet,
ni hablar con nadie, estaba solo e incomunicado. El sentimiendo de rabia, cansancio
e impotencia podía conmigo. Jamás me he arrepentido tanto de nada, no podía
parar de pensar por qué me había ido de mi casa y había dejado atrás a toda la
gente que quería para esta basura...
Después de todo el día llorando y 24 horas sin comer ni
dormir y tirando de mis maletas me decidí a salir de la habitación e intentar
solucionar todo este embrollo. Me fui a buscar algo de comida en un kebab
barato y después me recorrí toda la ciudad en busca de un supermercado en el
que pudiera comprar lo mínimo para pasar aquella noche. Gracias al cielo y a la
tierra que pude comprar algo para cenar y un par de sábanas y una toalla para
la ducha. Lo que más deseaba aquel día era llegar a mi habitación y tirarme en
la cama a dormir… Y así lo hice. Así que ya os iré contando cómo me va por aquí,
pero eso ya más adelante.
Un saludo a todos.
Sergy Priestly
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